La mañana del sábado 7 de marzo, a las 12:30, el Encuentro Sevilla acogió un diálogo dedicado a una de las cuestiones más complejas y dolorosas de la actualidad: la situación en Oriente Medio y la posibilidad de construir la paz. El encuentro contó con la intervención del periodista José Luis Restán, presidente del Grupo Ábside Media, y fue moderado por Santiago Arenado Sampil.
Arenado abrió el acto planteando una pregunta que atravesó toda la conversación: desde la aparente seguridad de Europa, ¿es posible imaginar una paz real en Oriente Medio?
Restán comenzó señalando que su intervención llegaba marcada por lo vivido en los actos previos del EncuentroSevilla, que le habían llevado a mirar la cuestión con una conciencia renovada. A partir de ahí ofreció un recorrido histórico que permitió comprender la profundidad del conflicto.
El origen de la actual situación se remonta, explicó, a mediados del siglo XX, con la creación del Estado de Israel en 1948 y las sucesivas guerras entre Israel y varios países árabes de la región. Desde entonces, el conflicto ha atravesado distintos momentos clave: guerras regionales, levantamientos palestinos como la Primera Intifada a finales de los años ochenta y diversos intentos de negociación internacional.
Uno de los momentos de mayor esperanza fue el proceso de paz iniciado con los Acuerdos de Oslo de 1993, cuando el primer ministro israelí Yitzhak Rabin y el líder palestino Yasser Arafat reconocieron mutuamente a sus pueblos y se comprometieron a avanzar hacia una solución negociada. Sin embargo, el proceso se vio progresivamente erosionado por la violencia de grupos radicales de ambos lados y por el asesinato de Rabin en 1995, un golpe que interrumpió bruscamente aquella esperanza de paz.
Restán recordó también un gesto que, a su juicio, simbolizó la posibilidad de otra historia: la visita de Arafat a la mujer de Rabin para expresar sus condolencias tras el asesinato de éste por un ultraortodoxo judío. Para el periodista, momentos como ese muestran que incluso en medio de décadas de enfrentamiento pueden surgir gestos de humanidad capaces de abrir caminos nuevos.
El diálogo se detuvo también en el presente. Restán describió la impresión que causa visitar Tierra Santa y encontrarse con jóvenes de apenas dieciséis años realizando el servicio militar, cargando armas que parecen demasiado grandes para ellos. “Eso habla de hasta qué punto el conflicto forma parte de la vida cotidiana”, explicó.
A lo largo de la conversación aparecieron también otros actores decisivos en el equilibrio regional. El Líbano, un país marcado por su diversidad religiosa y por una historia atravesada por guerras y tensiones, pero donde -señaló Restán-el miedo a repetir el conflicto ha llevado a muchas comunidades a aprender a convivir. También se mencionó el papel de Irán y las complejas relaciones geopolíticas que implican a potencias internacionales como Estados Unidos.
Sin embargo, el núcleo de la reflexión no fue político sino profundamente humano. Para Restán, cualquier camino hacia la paz pasa por no ignorar el sufrimiento real de las personas que viven en la región. “No se puede saltar el dolor de la gente, las heridas, la historia de cada familia”, afirmó.
En ese sentido, propuso una imagen sencilla pero exigente: la paz solo puede comenzar cuando una madre israelí sea capaz de mirar a una madre de Gaza que también ha perdido a su hijo, o cuando dos jóvenes que hoy se enfrentan con un fusil puedan reconocerse como seres humanos que comparten la misma pregunta por la vida.
Lejos de simplificar el conflicto en categorías de buenos y malos, Restán insistió en que todos los pueblos implicados comparten una misma dignidad. “No es buenismo -subrayó-, es una mirada distinta”. A su juicio, el camino hacia la paz pasa inevitablemente por el perdón y por una sanación profunda de las heridas históricas.
El diálogo concluyó con una reflexión que resonó con el lema de esta edición del Encuentro: mirar la realidad sin esquivarla, incluso cuando resulta dolorosa. Solo desde esa mirada -sugirió Restán-puede abrirse un horizonte distinto para Oriente Medio y para el mundo.