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Educar el corazón

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La mañana del domingo 8 de marzo continuó en EncuentroSevilla a las 11:00 horas con el acto «Educar el corazón», celebrado tras la eucaristía que abrió la jornada. En él participaron Ferran Riera y María Ángeles Márquez, moderados por Ignacio Alameda, en un diálogo que partió de una pregunta que atraviesa a cualquier edad: cómo despertar el corazón humano en un tiempo lleno de distracciones y ruido.

El punto de partida fue el lema que ha acompañado toda esta edición del Encuentro, tomado del poema de Antonio Machado: «¿Mi corazón se ha dormido?». Desde ahí, los ponentes propusieron mirar de frente la experiencia educativa actual, no solo en la escuela, sino también en la familia, en el trabajo y en la vida cotidiana.

Ferran Riera, con más de dos décadas de experiencia en la docencia y la dirección educativa, comenzó reconociendo las dificultades que hoy aparecen en los jóvenes, pero también en los adultos. “Vivimos en una sociedad que ofrece muchas cosas”, señaló, “pero pocas ayudan realmente a que el corazón despierte”. Las pantallas, la prisa o la presión constante por el rendimiento -explicó- pueden empujar a vivir en la superficie de la realidad. Sin embargo, insistió en que la experiencia demuestra algo distinto: el corazón humano nunca se apaga del todo.

“Incluso cuando parece distraído o cansado”, afirmó, “permanece en cada persona un deseo profundo de felicidad, de verdad y de belleza. Ese deseo es el gran recurso educativo”. Para Riera, educar no consiste principalmente en transmitir ideas o imponer normas, sino en acompañar ese deseo para que pueda crecer. Y eso no vale solo para los jóvenes. “Todos necesitamos a alguien que nos recuerde quiénes somos y para qué vivimos”, añadió.

En esa misma línea intervino María Ángeles Márquez, maestra y coordinadora de convivencia en el Colegio Portaceli, quien compartió su experiencia cotidiana con adolescentes y familias. “Los chicos no necesitan adultos perfectos”, explicó. “Necesitan adultos que estén presentes, que miren su vida con interés y que no se cansen de esperar”. Para ella, una de las claves educativas más urgentes hoy es volver a mirar al otro con atención. “Cuando alguien se siente mirado de verdad”, dijo, “algo empieza a despertarse dentro”.

Durante el diálogo aparecieron cuestiones muy presentes en la vida actual: el impacto de las pantallas, la dificultad para sostener vínculos estables o la tendencia a sobreproteger a los hijos. Sobre este último punto, Riera fue claro: “A veces los adultos queremos evitar cualquier dificultad a los jóvenes, pero la vida no se aprende sin riesgo. Educar también significa permitir que el otro descubra por sí mismo qué merece la pena”.

Ambos coincidieron en que la verdadera libertad no consiste en hacer cualquier cosa, sino en descubrir aquello que hace crecer el corazón. “Ser libre”, explicó Márquez, “es aprender a reconocer lo que construye la vida y lo que la empobrece”.

La conversación fue avanzando así entre experiencia personal y reflexión educativa, mostrando que la tarea de educar no pertenece solo a la escuela, sino a cualquier relación humana donde alguien acompaña a otro en su camino. “El corazón se despierta siempre en un encuentro”, resumió Riera. “Nadie descubre solo qué significa vivir de verdad”.

El acto concluyó retomando la pregunta de Antonio Machado que ha guiado todo el Encuentro. Frente a la tentación de pensar que el corazón del hombre se ha dormido, la experiencia educativa revela otra cosa: incluso en medio del cansancio o la confusión permanece siempre una chispa que puede volver a encenderse. Educar consiste precisamente en custodiar esa llama. Y esa tarea, de un modo u otro, pertenece a todos.