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El trabajo, una mirada atenta a la realidad

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La tarde del sábado 7 de marzo, a las 18:00 horas, el Encuentro Sevilla acogió el diálogo “El trabajo, una mirada atenta a la realidad”, un encuentro que quiso profundizar en el lema de esta edición -inspirado en un verso de Antonio Machado- a través de la experiencia concreta del mundo empresarial. En el acto participaron los empresarios Germán Fañanás y Antonio Miguel Sánchez, en conversación con el moderador Juan Sánchez Corzo.

El punto de partida fue una afirmación que atraviesa el lema del Encuentro: mirar la realidad no es algo automático. Exige tiempo, silencio y, sobre todo, una disposición a dejarse afectar por lo que sucede. Mirar implica aceptar que la realidad no siempre se ajusta a nuestros planes y que, muchas veces, nos pone ante decisiones arriesgadas o momentos de incertidumbre. A partir de esta idea, ambos invitados compartieron algunos episodios decisivos de su recorrido profesional en los que esa mirada atenta a la realidad cambió el rumbo de sus empresas y, en cierto modo, de sus propias vidas.

Al comienzo del diálogo, Antonio Miguel Sánchez propuso una imagen sugerente para explicar su experiencia. Antes de hablar de un “corazón que mira”, quiso recordar lo que significa también un corazón que no mira. Relató cómo, siendo todavía estudiante de Ingeniería Industrial y a punto de terminar la carrera, decidió embarcarse junto a un amigo en la aventura de crear un periódico. La iniciativa terminó fracasando al cabo de dos años. “Aquello salió mal: me quedé sin dinero, sin amigo y sin haber terminado la carrera”, recordó. Mirando atrás, lo definió como una experiencia de evasión: un momento en el que el corazón no estaba verdaderamente atento a la realidad. Sin embargo, años después, un encuentro inesperado en un semáforo con un antiguo compañero de Erasmus cambió el rumbo de su trayectoria. Aquella conversación dio lugar a una colaboración profesional que continúa más de veinticinco años después. Para Sánchez, ese episodio mostró cómo muchas veces la realidad se abre camino a través de encuentros que uno no había previsto.

Otro momento significativo que compartió fue su experiencia como profesor de emprendimiento en la Escuela de Ingenieros. Al comenzar a impartir la asignatura pensó que sería fácil conectar con los alumnos. Sin embargo, las primeras clases mostraron lo contrario. “Me di cuenta de que el sistema tradicional no funcionaba”, explicó. La asignatura trataba sobre emprendimiento, pero el formato seguía siendo el de una clase convencional. Aquello le obligó a replantear completamente la metodología. A partir de ese momento decidió transformar el curso en un laboratorio real: los estudiantes debían organizarse en equipos, desarrollar una idea empresarial y construir paso a paso su modelo de negocio. Ese cambio, nacido simplemente de prestar atención a lo que estaba sucediendo en el aula, acabó generando resultados inesperados: proyectos premiados en concursos universitarios, estancias de alumnos en universidades estadounidenses y una nueva cultura de emprendimiento dentro de la escuela. “Un corazón que mira también piensa y se adapta”, resumió.

Por su parte, Germán Fañanás compartió cómo su recorrido profesional estuvo profundamente marcado por una experiencia humana vivida desde muy joven en un grupo vinculado a la parroquia. Aquella amistad y la experiencia de comunidad dejaron en él una huella que, con los años, terminaría influyendo también en su forma de entender el trabajo. Tras terminar sus estudios de ingeniería química, comenzó su carrera profesional en una empresa del grupo Aguas de Barcelona dedicada a la consultoría de procesos de agua en la industria. Su trabajo consistía en analizar los procesos de distintas empresas para mejorar la gestión y depuración del agua. Sin embargo, a medida que realizaba esos estudios comenzó a descubrir algo que le inquietaba: muchas empresas no solo querían el diagnóstico técnico, sino que pedían desarrollar las soluciones propuestas. Ese deseo de acompañar los proyectos hasta su realización chocaba con el modelo de trabajo de la empresa en la que estaba. Con el tiempo, esa tensión le llevó a tomar una decisión arriesgada: abandonar la seguridad de su empleo para embarcarse en una nueva aventura empresarial junto a otros socios. “Dar crédito a lo que veía en la realidad exigía arriesgar”, explicó.

Más adelante, tras una primera experiencia empresarial compleja, Fañanás decidió iniciar una nueva etapa junto a dos amigos con los que compartía una historia común de amistad y fe. Así nació su nueva empresa de ingeniería, fundada en un pequeño local y sostenida inicialmente por la confianza mutua. Recordó cómo en aquel momento surgieron muchas objeciones: desde las dudas sobre la viabilidad económica hasta la presión de quienes le aconsejaban buscar un trabajo más seguro, especialmente estando a punto de casarse. Sin embargo, varias personas significativas en su vida le ayudaron a tomar la decisión definitiva. Uno de ellos fue un amigo que, ante todas sus dudas, le planteó simplemente una pregunta: “¿Qué deseas de verdad?” Aquella pregunta le permitió reconocer que su deseo seguía siendo acompañar a los clientes en la búsqueda de soluciones reales a sus problemas. “Cuando uno experimenta una correspondencia profunda con los deseos de su corazón, no se conforma con reducciones”, afirmó.

El diálogo también abordó los momentos más difíciles del recorrido empresarial. Ambos invitados coincidieron en que la experiencia del trabajo incluye inevitablemente periodos de crisis en los que parece que todo se tambalea. Sánchez recordó especialmente el impacto de la crisis económica de 2008, cuando muchos proyectos de su empresa se cancelaron y la actividad se redujo drásticamente. Fue entonces cuando comprendieron que debían cambiar completamente el enfoque de su negocio. “En aquel momento nadie quería mejorar; las empresas querían sobrevivir”, explicó. La empresa decidió entonces centrarse en servicios técnicos obligatorios por ley -como prevención, protección de datos o seguridad- que permitieran a las compañías seguir operando. Aquella decisión, nacida de mirar con realismo la situación, permitió que el proyecto empresarial continuara adelante.

Fañanás compartió también otro momento crítico: la quiebra del grupo Abengoa en 2015, que dejó a su empresa con una importante deuda pendiente y obligó a reducir la plantilla a la mitad. “Fue lo que más me dolió”, confesó al recordar la salida de muchos colaboradores con los que habían trabajado durante años. Sin embargo, incluso en medio de esa situación, distintos encuentros y ayudas inesperadas permitieron abrir caminos para resolver parte de aquella dificultad.

A lo largo del diálogo apareció con claridad un elemento común en ambas historias: la importancia de no vivir el trabajo en soledad. Tanto en las decisiones empresariales como en los momentos de crisis, los dos empresarios subrayaron el papel decisivo de los socios, de los amigos y de las comunidades humanas que acompañan el camino. Esa compañía -explicaron- es lo que permite mantener una postura de atención y de vigilia frente a la realidad, incluso cuando las circunstancias son adversas.

El encuentro concluyó volviendo al corazón del lema de esta edición del Encuentro Sevilla: la invitación a mirar la realidad sin huir de ella. Las historias compartidas mostraron que esa mirada no es una actitud abstracta, sino una experiencia concreta que se juega también en el trabajo cotidiano: en las decisiones empresariales, en los riesgos asumidos, en los fracasos y en los nuevos comienzos. Porque, como sugirió el diálogo, solo un corazón verdaderamente despierto puede descubrir, incluso en las circunstancias más frágiles, una posibilidad nueva y una promesa de bien.