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Ni soñar, ni huir: aprender a mirar lo que sucede

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La mañana del domingo 8 de marzo, a las 12:30 horas, EncuentroSevilla celebró su último acto con una invitación tan sencilla como exigente, bajo el título «Ni soñar, ni huir: aprender a mirar lo que sucede». El profesor de Literatura Alfonso Calavia cerró EncuentroSevilla retomando el lema que ha acompañado esta edición: «¿Mi corazón se ha dormido?». La introducción corrió a cargo de Ignacio Caballero.

Ignacio tomo como punto de partida una constatación profundamente humana: «muchas veces la vida sucede sin que sepamos poner nombre a lo que sentimos». Para ilustrarlo se recordó un pasaje de La Celestina: Melibea, enamorada de Calisto, pregunta a Celestina cómo se llama ese dolor que se ha adueñado de su cuerpo. “Dulce amor”, responde ella. La escena revela algo que atraviesa toda experiencia humana: vivir dentro de la realidad sin terminar de comprender qué nos ocurre.

A partir de ahí tomó la palabra Alfonso Calavia, que propuso detenerse precisamente en esa dificultad para nombrar la vida. “El corazón del hombre”, señaló, “siempre busca algo que lo abrace, un sentido que sostenga la vida y acompañe cada paso”.

Desde hace quince años Calavia cultiva un hábito singular: leer la prensa como quien busca signos de esa búsqueda humana. Cada día recorre artículos de opinión de escritores, periodistas o pensadores rastreando frases en las que alguien -a veces sin proponérselo- deja entrever una experiencia auténtica.

“Cuando uno lee así el periódico”, explicó, “descubre que en medio del ruido aparecen latidos del corazón”. En esas páginas surgen preguntas sobre la felicidad, el amor, la justicia o el sentido de la vida. Aparecen voces cansadas, indignadas o desconcertadas, pero también una esperanza obstinada que se resiste a desaparecer.

A lo largo de su intervención, Calavia fue compartiendo fragmentos recogidos durante años en esa lectura paciente. En ellos aparecía el adolescente incapaz de nombrar su malestar, el adulto que corre detrás de una felicidad que siempre parece desplazarse un paso más allá, el profesor que espera que un alumno levante la cabeza o la persona que, aun cuando todo parece funcionar, siente una inquietud difícil de explicar. Sin embargo, en medio de esa diversidad de voces surgía una intuición común: la sospecha de que la vida contiene algo más profundo que lo inmediato. “Incluso en medio del desconcierto”, explicó, “el corazón humano sigue esperando algo extraordinario”.

“Ni soñar ni huir”, señaló Calavia, “significa no escapar de la realidad ni refugiarse en la fantasía. Significa aprender a mirarla”. Mirar requiere tiempo, silencio y una disposición interior que hoy parece cada vez más rara. En una época marcada por la velocidad de la información, las pantallas y el desplazamiento constante de contenidos, detenerse ante lo que sucede puede parecer casi un gesto de resistencia. Pero precisamente ahí se juega algo decisivo. Antonio Machado formuló esta tensión en una pregunta que ha atravesado toda la edición del Encuentro: «¿Mi corazón se ha dormido?». Y el propio poeta ofrece una respuesta sorprendente: «No; mi corazón no duerme».

Entre esas dos frases -explicó Calavia-cabe buena parte de la experiencia contemporánea: el cansancio, la indignación o el desconcierto, pero también el deseo intacto de asombro, de vínculos verdaderos y de un significado capaz de sostener la vida. Por eso, lejos de ofrecer conclusiones cerradas, su intervención terminó como había comenzado: con una invitación.

Aprender a mirar lo que sucede. Mirar la realidad sin huir de su complejidad, aceptar su dulzura y su amargura, y descubrir en ella las preguntas que atraviesan a todos.

Así concluyó EncuentroSevilla 2026, no como un evento cualquiera, sino como un impulso a mantener despierta la mirada, a buscar significado en los gestos más pequeños, a descubrir que la humanidad se encuentra en cada escucha y en cada corazón que se atreve a permanecer abierto. Porque mirar despierto transforma, y mirar juntos es, quizás, el primer paso para hacer un mundo mejor.