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Recital de poesía y música:

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En la tarde del sábado 7 de marzo, a las 16:30 horas, el Encuentro Sevilla acogió en esta edición una mesa redonda para asomarnos a la belleza: “Recital de poesía: el asombro, la mirada del corazón”. El encuentro contó con la presencia de la intérprete Inés Jurado y los poetas Rocío Arana, Ignacio Caballero y María Eugenia Reyes, junto con la moderación del médico Eduardo Morán.

El acto dio comienzo con la intervención de Eduardo Morán, que aseguró que aquello que permite mantener la mirada del corazón para que este no quede adormecido, es el asombro. El asombro es la emoción que brota para acercarnos a la realidad y ensimismarnos. De tal manera, Eduardo quiso comenzar el encuentro con la bella actuación de Inés Jurado, que deleitó a EncuentroSevilla con su voz y teclado. Así, Inés Jurado, interpretó una canción de Joan Manuel Serrat que nos retrotrajo a los inmortales versos del poeta sevillano: «Caminante, no hay camino / Se hace camino al andar».

Entonces, Ignacio Caballero tomó la palabra para poder compartir su visión de la poesía en relación con el asombro. Para Ignacio, la poesía no está separada de la fe, la cual encontró a través de la muerte de un ser querido. Como dijo el poeta Paco de Arcos, así lo fue también para él: «Escribir es conquistar la muerte». Por ello, compartió también unos versos propios, para reflejar como su escritura es un intento de conquistar la muerte: «Todo es razón verdadera para, por fin / vencer a la muerte escribiendo / (…) / te siento, te extraño, te quiero».

Una vez escuchados estos versos, Eduardo Morán quiso recalcar que cuando decimos «te quiero» es porque nos dirigimos a un rostro al que nos referimos. No nos dirigimos a una realidad en abstracto, sino a un «Tú» concreto. Ese «Tú», entonces, es el objeto de nuestro asombro.

La poeta Mª Eugenia Reyes quisó reflexionar, entonces, sobre en qué consiste el acto de escribir. El poeta escribe siempre porque tiene una necesidad. Nos enseñó que lo esencial del poeta es ver donde el resto no vemos. «Después de mi conversión a los 18 años» –dijo Mª Eugenia– «percibí aquello que dice el Evangelio: todos tenemos un nombre verdadero, como una piedra preciosa, y habrá un día en el que finalmente descubramos cuál es». El acto de la poesía es intentar descubrir cuál es ese nombre verdadero que todos tenemos.

Después, Rocío Arana nos introdujo en cuál es la particularidad del asombro, que es que siempre va unido a la gratitud. «Cuando algo nos asombra, nos sale siempre agradecerlo», dijo Rocío. «Porque las cosas se nos dan, estas nos asombran, y por eso agradecemos». Volviendo a la tradición mística, nos habló de que oración y poesía van de la mano siempre. De ahí, saltó a lo maravilloso, pues el poeta ve lo que hay de maravilloso en el mundo. Aquello que nos maravilla, nos toca y nos asombra. La buena poesía está tocada por la alegría; no hay mayor asombro que esa alegría tocada por el agradecimiento.

Para concluir el encuentro, Mª Eugenia e Ignacio nos abrieron el horizonte de la belleza: «La belleza nos hace trascender y nos hace ver que hay algo más». El objetivo no es censurar aquello que nos duele, evadiéndonos de la realidad a través del arte. El valor del poeta es ver lo bello en aquello que nos duele. Existe siempre una esperanza en el dolor y el sufrimiento, porque lo que nos duele nos pone en camino y nos hace crecer. 

De tal forma, la interpretación de Inés Jurado cerró el recital de poesía. Una interpretación que nos puso a caminar, gracias a una canción muy especial para ella. Con ella nos recordó que al final de todo viaje está siempre el horizonte: «Quedamos los que puedan sonreír. / En medio de la muerte, en plena luz».